
El violoncello sufre más que el violín (Amado Nervo)
Me clavó muy hondo su mirada azul. El dodecasílabo estalló desde la protohistoria de mis conmociones, surgido desde algún viejo desván de mi memoria donde había quedado guardada, y se proyectó como una saeta lanzada por alguno de aquellos traviesos Cupidos que, en mi primera juventud, jugaban al blanco con mi corazón con dardos provistos por el carcaj de Amado Nervo o Rubén Darío; o de José Asunción Silva, que me enseñó que era una, que era una, que era una sola sombra larga la mía junto a la amada que no existía, que deseaba. Anulado todo vestigio de racionalidad por el estímulo de esos dardos clavados en la cuna de mis pasiones, ahora, hoy, aquí, esa mirada azul me devolvió el perfume de todos los pétalos, las volutas impolutas del perfume de las putas, cantados por mí en versos que le ocultaba a mamá cuando era un noctívago pertinaz, cazador en calles oscuras de presas fáciles. Creo que se ha abierto nuevamente la ventana por donde ingresaban los cierzos insinuando vagas congojas y los frígidos céfiros y las cálidas brisas que silbaban poemas de salutación que escribía para los cumpleaños de mamá y las canciones desesperadas surgidas más allá de los límites impuestos, entregadas a mujeres imaginadas, o representadas en retratos de Ava Gardner o Anita Eckberg o Brigitte Bardot, que escondía entre los libros más altos de mi biblioteca para que no los descubriera mamá. El temblor en el volcán de mi pecho no estaba definitivamente apagado y preanuncia nuevas irrupciones que ahora quisiera destinar a esos ojos que me clavan su mirada azul.
La mujer del violonchelo con el instrumento apretado entre los muslos, interpuesto al sexo, lo que me evita desviar la mirada sin impedir que mi fantasía quiera proyectarse a ese más allá que nunca me será dado, quedate tranquila mamá. Los largos bucles del pelo trenzado caen a lo largo de sus hombros, se desbordan como auríferos torrentes a lo largo del instrumento y yo los recorro una y otra vez para encontrar el quiebre en esa mirada azul. En el mar de mis tristezas una luna amable riela. Abur! maldita mano del desengaño que deshojaste las margaritas de todos mis pretéritos amores. Esa mano de porcelana que empuña el arco, esa desgarradora voz humana extraída desde las profundidades de la madera, ese allegro que canturrea en contrapunto con el violín apenas atacan los solistas del Triple Concierto de Beethoven, me está devolviendo los ardientes deseos de antes, las viejas emociones marcadas siempre por la angustia de sentirme menos amado de lo que amaba y restituye ausencias que ahora no podré ya jamás olvidar. La espera en sufrimiento de estos años ha tocado fondo. Nunca ninguna mujer había despertado en mí un “coup de foudre”, como el que la rubia del violoncello me ha asestado desde los primeros instantes en que irrumpió ante mi presencia, cuando ingresó junto al director y los otros dos solistas y tomó asiento a la derecha del podio, a pocos metros de la tercera fila de la platea donde yo me encontraba con mamá.
En uno de esos momentos del tutti de la orquesta, cuando los solistas silencian, yo traté de encontrar en el programa el nombre de mi ángel. Supe que se llamaba Otilia y no pude develar en la penumbra de la sala su indescifrable apellido de puras consonantes que suponían una nacionalidad rusa o polaca y aseguraban un infranqueable impedimento para el diálogo amoroso, por lo menos oral, ya que el sutil intercambio de ternuras que permiten las miradas o el inquietante intercambio de presiones digitales, que no me escuche mamá, prometían silenciosas aventuras hasta la frontera de la excitación. Pocos cruces de mirada fueron posibles en el Adagio ya que su melodía calma y profunda, como las aguas de un lago de alta montaña, convoca a una vigilia de ojos cerrados, ella ejecutando el chelo y yo disfrutando el deleite musical y esa imagen grabada en la membrana de mis párpados. Algo más supe de ella cuando terminó el último movimiento. Supe que era polaca. No podía ser más que polaca quien había interpretado el Rondó final con la admirable maestría que habíamos escuchado. Con el pecho perturbado, entorpecida mi respiración, fríos flujos en mi frente, recibí el corte del aterciopelado telón sobre los demorados aplausos. A la salida le dije a mamá que me quedaría por la calle Corrientes para comprar un libro. No le dije La Amada Inmóvil, que mamá cuestionaba por ser “demasiado erótico”. Cosas de madres. “Ninguna travesura, Eduardo” me advirtió. Cuando tomó el taxi, yo corrí a la salida de la calle Viamonte para encontrarme con la mujer que había empezado a amar, como nunca, esta vez sin dolor.
Rafel Belaústegui
***
Espero les haya gustado este otro cuento que se relaciona nuevamente con el maravilloso instrumento llamado "Violoncello" o "Violonchelo", ¿qué les pareció la imagen? lo puse en este escrito porque significa mucho, hay un poco de simbolismo y un poco de esto y aquello, he estado pensando que este instrumento es algo apegado al sexo masculino, no sé por qué pero conozco y he visto que hay más muchachos/hombres que muchachas/mujeres que toquen el mismo... en fin, se preguntaran el por qué de estos cuentos que tienen que ver con dicho instrumento, pues es sencillo, es otro de mis favoritos en la clasificación de cuerda aparte del violín, lo he interpretado una sola vez y me rindo ante él por su tamaño y esque acepto que soy pequeña para el mismo jeje aunque nosotros los músicos no nos rendimos por ciertas diferencias frente a estos instrumentos, cabe decir que uno se cautiva totalmente al frotar las cuerdas con el arco y es como si estuviera abrazando a algo que contiene un alma y una fuerza totalmente enorme y extraodinaria que encierra a la mente dentro de una comunión, según a mis investigaciones llenas de curiosidad el mismo no conlleva consigo los mitos extraños que rodean al violín los cuales compartiré con ustedes más adelante, y por el momento me dedicaré a relatos que tengan que ver con el "violoncello"...
Por hoy les dejo con la primera parte de una obra que consta de tres movimientos interpretada en este majestuoso instrumento, esta vez una composición de Bach para mi el que tiene las mejores composiciones para cello.
Disfruten del mismo, ¡tengan un buen día!
Meyly
La violoncelista sabe que entre ella y el director de la orquesta de opereta no hay más que asco. Sin embargo, cada día a la misma hora se desliza por la puerta de la habitación de él y se mete en su cama. El mal de las mujeres de treinta años se ha apoderado de ella y, por mucho que trate de defenderse, el proceso de su destrucción avanza irresistiblemente. Bajo el techo del Conservatorio, ella toca incesantes movimientos de sonatas, en los que se precipita como un animal para destrozarlos. Pasa hambre con increíble brutalidad y se queda borracha en la cama durante días enteros, para proseguir luego su labor de aniquilación con tanta mayor energía. Lo vende todo y se encuentra de pronto con un solo vestido, negro y cerrado hasta el cuello. Rompe su instrumento agarrándolo por el cuello con ambas manos. Lo acelera todo. Se ríe. Guarda silencio. Después de su último encuentro con el director de la orquesta de opereta, se sienta en un oscuro agujero del pasillo sobre una maleta de artista y llora.

Thomas Bernhard
Les dejo en acompañamiento de esta hermosa interpretación obra de Chopin, pueden descargar el mismo en el siguiente enlace.
Download: Chopin, F. (1810) Sonata for Violoncello and Piano
Meyly
Cuando el viento me despierta, paseo entre los surcos de aquellos recuerdos que quedan por olvidar.
Meyly

Este regreso es esperado por algunas personas, y he decidido volver a retomar mis letras para poder compartirlas con ustedes, espero no haberles hecho esperar mucho aunque la verdad creo que así fue, he tenido un poco abandonado este pequeño lugar refugio de algunas personas...
No me queda más que decirles que he estado en un proyecto escribiendo un poemario para ser publicado, faltan muchos detalles que arreglar pero espero lanzar el mismo al público en muy poco tiempo.
Espero ustedes hayan estado bien, cuídense... les dejo un abrazo cálido para su corazón.
Hasta mi próxima publicación.
MeyLy

Cuando mis ojos agonizan por los sueños no cumplidos
Busco entre los sonidos ensordecedores una sola respuesta
El estallido de las rocas quebrándose en los riscos de mi corazón
Mi alma sufre, llora, se retuerce
No sabe si quedarse o irse
Si se queda, navegará entre los suspiros humanos
Si se va, navegaría entre las llamas de lo profundo del cielo
Y entre las frías nubes blancas que hunden al oxígeno
Cuando mi piel sangra por la separación con la Luna
Suelo adormecerme entre algunos recuerdos
De igual manera, busco una sola respuesta
Lo triste de aquellos respiros dentro de mi oído
Llegando a tornarse en un oscuro profundo al llegar a mis pulmones
Aquello que me envenena
Aquello que quiero dejar salir de la prisión de mi mente
Cuando mi cuerpo se cansa de vivir
Busco las vestimentas quemadas de lo que fui
Para no sentir el frío vienen ángeles a cubrirme con plumas húmedas
Mucho llanto, mucho lamento
Cosas innecesarias llenas de divagación
Lo que es no es, y no será porque es
Soy yo
Solo yo
Y ya no te necesito
Busco entre los sonidos ensordecedores una sola respuesta
El estallido de las rocas quebrándose en los riscos de mi corazón
Mi alma sufre, llora, se retuerce
No sabe si quedarse o irse
Si se queda, navegará entre los suspiros humanos
Si se va, navegaría entre las llamas de lo profundo del cielo
Y entre las frías nubes blancas que hunden al oxígeno
Cuando mi piel sangra por la separación con la Luna
Suelo adormecerme entre algunos recuerdos
De igual manera, busco una sola respuesta
Lo triste de aquellos respiros dentro de mi oído
Llegando a tornarse en un oscuro profundo al llegar a mis pulmones
Aquello que me envenena
Aquello que quiero dejar salir de la prisión de mi mente
Cuando mi cuerpo se cansa de vivir
Busco las vestimentas quemadas de lo que fui
Para no sentir el frío vienen ángeles a cubrirme con plumas húmedas
Mucho llanto, mucho lamento
Cosas innecesarias llenas de divagación
Lo que es no es, y no será porque es
Soy yo
Solo yo
Y ya no te necesito
MeyLy
Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir.
Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención.
Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.
Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.
El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción: Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía: Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses, y 3 semanas. El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto. Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años... Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.
El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. "No, ningún familiar..." -dijo el buscador- "¿Qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?.. ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?... ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?"
El anciano se sonrió y dijo: "Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello.
Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre su libreta y anota en ella: A la izquierda, qué fue lo disfrutado. A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo. Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?... ¿una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media? Y después la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?...
¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿Y el casamiento de los amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de esas situaciones?... ¿Horas? ¿Días? Así...vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos cada momento.
Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque Ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





